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Wednesday, November 30, 2005


4:31 pm el autobús estaba retrasado por seis minutos, con este clima seis minutos son seis minutos. Me refugiaba en la pequeña cabinita de la parada de autobús con los audífonos a todo volumen.

Por fin la nariz del autobús se asomó en la esquina, mi corazón respiró pensando que no tendría que estar mas allí soportando el aire frío. Abordamos desesperados, mis lentes se empañaron al instante, dentro del autobús la temperatura era agradable, pensé que algo así sería volver al vientre materno.

Tomé asiento y saqué mi libro, anochecía… estar en el hemisferio norte hacia que tuviéramos pocas horas de luz, para las cinco de la tarde ya era de noche. Una pareja blanca y desnutrida viajaba en el frente.

Rápidamente el sol se desvanecía, ella leía la Biblia, sin escuchar lo que decía pude notar que ella le señalaba un pasaje, él ponía atención, pasamos por la oficina de correos, volví a mi lectura, anocheció.

Cuando me di cuenta el hombre estaba arrodillado en el pasillo del autobús, con sus manos en el aire, diciendo, lo que me imagino era, una oración. Caminaba en sus rodillas con la mirada puesta en el cielo.

La mujer se puso de pie y lo siguió, pensé al principio, para detenerlo, pero lo que sugería el lenguaje corporal era que lo alentaba para que siguiera, ella por su parte, comenzó a hacer contacto visual con cada uno de los pasajeros, gritaba…

Por el reflejo del espejo retrovisor, podía ver al chofer gritando, me imagino que les pedía que volvieran a sus asientos, el hombre siguió caminando de rodillas.

Me dejé los audífonos puestos pensando que me darían un poco de protección, por lo menos podía pretender que no escuchaba, él hombre parece que me olió, por arribita de mi libro pude ver que se dirigía en mi dirección, se fue con todo sobre mi, tomándome de los hombros, no me podía mover, tampoco quitarme los audífonos. Me gritaba en la cara, sacudiéndome...no podía leer sus labios, me gritaba en inglés, pensaba: “no te resistas, es peor si te resistes” así es que traté de relajarme esperando que el hombre se cansara.

Mi destino estaba próximo, hasta no llegar a el podría hacer algo, esperaba que el hombre se detuviera con el autobús. La mujer gritaba detrás de él exigiéndole no sé qué, me temía que le pidiera algo que tuviera que ver conmigo.

Miedo, se puede decir que sentía miedo, para se más precisos era soledad lo que sentía, nadie hacía nada, nadie…estaba segura que nadie me defendería, nadie…estoy sola, en este país, en este hemisferio, en esta oscuridad, en este autobús... miedo.

Pasamos mi parada sin detenernos, ¿qué hacía el chofer?, pude ver que no se detendría, hablaba por la banda corta, ¿estará pidiendo ayuda?. Mi destino pasó frente a mis ojos, lo seguí con la mirada, él hombre se molestó al verme voltear, sus ojos se tornaron rojos y la mujer enloqueció golpeándolo en la espalda para que hiciera algo, - no podía oír nada-

El hombre jaló de un solo golpe el cable de mis audífonos arranándolos de tajo. Por fin podía oír que me decía: - ¡Dime! ¿Quién es tu salvador? ¿Quiiiiiéeeeen es tu salvador? …La mujer atrás gritaba con las manos en alto: - Jesús…Jesús…

Yo genuinamente no pude pronunciar palabra.

Saturday, November 26, 2005


Le dije a Bee que fuéramos a comer, me miró con la cara que sólo ella puede hacer, me dijo que estaba muy cansada que prefería irse a su casa, noooo pequeño detalle Manny me había escuchado sin poder zafarme de ninguna forma, él cumpliendo su papel me dijo: - “Yo voy a comer contigo” Ahora hasta un favor me va a hacer. Bee aparentando me dijo: - Ves, ve con él. Maldita Bee.

Me trataba de convencer que aquello no tenía que ser tan malo. Con conservar la conversación ligera y superflua sería suficiente. Tomamos nuestras cosas y nos dirigimos al comedor de la Universidad, en vista de que Manny no decía nada yo tomé el mando de la conversación. – Y cuéntame ¿dónde la vas a pasar el Día del Pavo?. – En casa, nadie me invitó, ¿Dónde la vas a pasar tú?, - En casa de Lidia, - ¡En casa de Lidia!, yo le hice todo su trabajo de estadística para su propuesta… y no se digno a invitarme. Pensé: “ uuuppppsss ya la regué”, tratando de arreglar la cosa le dije: - Yo creo que Lidia me invito a mi porque sabe que ahora estoy sola y soy nueva. Él continúo: - ¡Yo también estoy solo!. Se hizo un silencio incómodo y aun no habíamos llegado al comedor.

Un intento más…Y bueno tú ¿qué trabajas? –¿A qué te refieres?, -¿Qué tema tiene tu proyecto?, -Hasta ahora no tengo proyecto definido, el Dr. Samuel rechazó mi propuesta, todo el semestre pasado me la pasé deprimido y además con este clima de mierda, no me extraña que la gente aquí se refugie en las drogas. Otra vez el silencio, después de un rato dije: - ¿Pero ha de haber algo que hayas pensado hacer? – Quería hacer dinámicas familiares en hogares interraciales, pero eso me hacía recordar mucho a mi familia, y decidí mejor dejar el tema y olvidarme de mi familia, tengo dos años de no verlos ni hablarles, después le entregué a Samuel una propuesta sobre la Obesidad en los varones, y la rechazo porque siente que más que una propuesta es un reclamo a la sociedad de mi parte, pero sabes no quiero hablar de eso. Asentí con la cabeza, decidí quedarme callada hasta que él hablara. Claramente mis temas no le gustaban.

Pedí una ensalada, y me dijo: - ¿Por qué ensalada? Con el cuerpo que tienes no deberías preocuparte por el peso. En mi cabeza: ¿Cómo debo de interpretar eso? Dije: Sabes mi mamá es vegetariana y nos enseño a comer verduras todos los días a todas horas. Pues como ves mi mamá no lo era. Guuaauuu ¿cuántos silencios incómodos voy a tener que aguantar? Maldita Bee te odio.

Sosteniendo la charola, con el abrigo en la mano, la bufanda y los guantes, como pude saqué mi cartera haciendo malabares. Manny quien llevaba un burrito tamaño gigante en la mano izquierda, podía haberme ayudado con su mano libre, pero parecía que le entretenía verme pasando trabajos, juró que hasta una sonrisilla se le salió. Por fin, nos sentamos…lo bueno de la ensalada es que tienes que masticar y masticar, lo que hace que la otra persona sea la que tenga que hablar.

Él dijo: -Y bueno que te han dicho tus compañeras de mí. Sentí como una piedra en el estómago, sin pensar dije: -nada, - ¿Cómo que nada?, - sí, nada, - Deben de haber dicho algo, - No hablamos de hombres, - Entonces… ¿hablan de mujeres?, y se hizo hacia delante para escuchar mejor mi respuesta. – Tampoco.

Ya no quería estar ahí, pero mi ensalada iba a penas a menos de la mitad. Me metía los pedazos de jitomate y las hojas de lechuga como podía en la boca. Él siguió. – Pero a alguien le he de haber parecido atractivo, no lo puedo creer que nadie haya dicho nada de mí. Seguí masticando. Él siguió – Dime la verdad…Es porque soy gordo?, ¿Por eso no le gusté a nadie?, e hice lo que menos se debe de hacer en estos casos, de inmediato contesté, - No cómo crees…

¡Manny me creyó!, Me dijo: - Entonces ¿qué es?, - Bueno Manny, piensa que mis compañeras son muy jóvenes tienen entre 5 y 10 años menos que nosotros Y se me ocurrió filosofar, - Aunque sabes cuando llega uno a esta edad yo ya no considero a nadie muy joven. A él se le iluminó la mirada - ¿Qué quiere decir eso? ¿Pensé que eras casada?, me estás diciendo que tienes un matrimonio abierto…Cuando dijo eso, yo tenía la boca llena de lechuga, no me espero, - Porque si es así yo estaría interesado en estar contigo.

No supe que decir, se me llenaba la cabeza de preguntas, ¿debía de decir gracias por considerar mis necesidades?, o ¿debía levantarme de la mesa ofendida? Se hizo otro silencio incómodo.

Thursday, November 24, 2005


Vienes y vas en pequeñas oleadas

Haciendo que crezca mi deseo

me tienes atada al péndulo de tu lengua

Con un hilo a la marea de tus caderas


Aquí me tienes

Desnuda de imaginarios

Clara como el agua que te corre

Desnuda -repito- de desilusiones


Aqui me tienes

De pie en el risco detenida del horizonte

Deseando tocar tu sombra

Esperando dejarme llevar por el viento

- Tal vez encontraré la Verdad



Me dices: - Esta es la inmensidad

Pienso:

¿Habrá vida después de la muerte?

¿Habrá vida después de ti?


No lo sabré

No podré sobrevivir sin tenerte

Monday, November 21, 2005


- No lo toques

Me dijo el hombre que esperaba el autobús conmigo demasiado tarde. Tomé el envoltorio y si hacer caso de lo que me decía, lo examiné. Era una madeja de estambre de color negro y rojo se sentía que envolvía algo como semillas y sobresalían unas ramillas.

Olía a ajo como la mujer que lo había dejado olvidado en el asiento de la estación. Era una mujer mayor, cargando una maleta, ya la había visto varias veces, al parecer trabajaba en algún lugar en el centro, se le veía vistiendo un abrigo roído aun en verano. Hacía unos minutos había llegado su transporte y dejo olvidado el envoltorio.

Sin pensar nada simplemente lo tomé.

Le quise mostrar al hombre que aquello era inofensivo, el hombre dio dos pasos hacia atrás, juraría que tenía miedo en la cara, no me dijo nada …y se fue corriendo.

Al terminar de examinar aquella cosa la tiré a la basura.

Llegó mi autobús... desde pequeñita supe que tenía un muy buen olfato, hasta la fecha no se si es una habilidad real o se lo debo a Seve, la muchacha que ayudaba a mi mamá en la casa. Seve olía todo, podría decir que percibía el mundo a través de sus olores, aprendí de ella. En la cocina me ponía a oler las especias, las frutas, aprendí a distinguir las diferentes texturas en los olores.

Aquella cosa me había dejado las manos oliendo a ajo, no lo podía aguantar, llegué a mi trabajo directo al baño a lavarme las manos con la paciencia de un cirujano. A pesar de todos mis esfuerzos por desaparecer el olor, seguía conmigo, mis compañeros de trabajo al parecer no les molestó, cuando les pregunté acerca del olor me dijeron que tenían muy mal olfato, que no lo distinguían... el olor estuvo conmigo todo el día.

Tomé el autobús de regreso a casa esperando poder poner las manos en detergente para trastes y deshacerme de aquel olor, para ese punto ya me tenía loca. No pude cenar, esperando con las manos sumergidas en una palangana llena de jabón, prendí la tele vi las noticias, la piel de mis dedos estaba completamente arrugada, horas habían pasado, pude ver que una capilla de piel se desprendía de mis dedos.

Era hora de dormir en cuanto saqué las manos del agua el olor me pegó como una bofetada en la cara. ¡Maldita sea!!! Me puse unos guantes prendí varias varitas de incienso y velas aromáticas para poder dormir.

A media noche me desperté porque el olor era insoportable, poco a poco perdía pedazos de razón, prendí un cigarro, pero cada vez que me lo llevaba a la boca, me daban ganas de vomitar.

No pude más…corrí al baño... mi vomito olía a ajo, podía sentir mi estómago y mis intestinos vaciarse. Estaba cansada de no haber dormido, de vomitar, del olor, comencé a llorar...mis lágrimas olían a ajo me irritaban los ojos.

Comencé a maldecir a gritos, corrí a la cocina y tomé la escoba, de mi frustación comencé de dar de escobazos a los muebles, a la televisión a las lámparas, las velas aun encendidas cayeron provocando un incendió inmediato…los vecinos gritaban para que me callara...pensé en quedarme ahí y terminar con mi miseria. Pero me quedaba un rinconcillo de cordura.

Bajé las escaleras…llegué a la calle, la mujer de la maleta y el abrigo me esperaba, me tomo de la mano delicadamente, su contacto me paralizó como si fuese una ánguila eléctrica, aun consciente fui testigo de cómo abrió su boca para comenzar a comerme viva.

Sunday, November 20, 2005



Que sean mis palabras las que te acaricien

Mis voces las que te envuelvan

Que sean ellas las que te traigan hasta a mi



Abre tus ojos y escucha mis sonidos que te llaman

Mi cuerpo que te anhela... te palpita... te ansía

Sé que solo encontraré la paz en tu mirada

Simplemente lo sé

Porque

Vibro en la resonancia de tus deseos

Porque

Prometo llenar tus espacios con mis clamores


Te cobijaré en mi capullo… soñaremos abrazados


Es seguro

mañana despertaremos

transformados

Listos para volar

Friday, November 18, 2005

Canibalismo?


No...yo no te quiero hacer el amor
Tampoco quiero acariciarte
lo que en realidad quiero es comerte
Sí...devorarte
hacerte mio de afuera hacia adentro
arrancar tus pedazos y llevarmelos a la boca
sentir tu sangre en mis labios
la textura de tu carne
Quiero
morderte, masticarte, deglutirte, digerirte y excretarte
Qué más prueba de mi amor necesitas?
Que más necesitas para creerme?
lo único que quiero es hacerte mio
que no pertenezcas a nadie mas...ni siquiera a este mundo
Te poseere en un ritual del que no regresaras
porque te habre devorado hasta el espiritú
pero no temas
porque viviras feliz dentro de mi para siempre.

Saturday, November 05, 2005

Emilio


Emilio terminó de forjar el cigarro, le había quedado “gordito”, me dijo: - A mi me gustan “gorditos” ambos nos reímos. Le acerqué el encendedor y lo prendió sin ocultar su satisfacción, me pasó el dichoso gordito y de inmediato sentí sus efectos en mi sistema nervioso - ¡Aahhh que rico! Le di otro jalón y ya estaba en otro lugar.

Vivíamos en los dormitorios de la Universidad, él había tomado el autobús hasta mi casa, el recorrido era de 15 min en promedio, habíamos decidido ver una película francesa, de esas de incesto y desapego.

A Emilio se le soltaba la lengua cuando fumaba, hablaba de su tierra, de cómo los Moros los habían tenido bajo su poder por casi ocho siglos, trababa de hacerme entender que los “españoles también lloran” más en una catarsis para quitarse en parte la llamada “culpa española”, pasamos de ahí al esplendor del Imperio Azteca, y de cómo los aztecas sucumbieron más a la viruela, que a la fuerza de las tropas extranjeras.

El tiempo se hacía largo y preferí en ese punto dejar de ver el reloj antes de mal viajarme. - ¿Quieres un café? – Sí - ¿Capuchino? -¡Estupendo! Me levanté deteniéndome de las paredes y fui a buscar mi cafetera. Todo estaba lento, no podía seguir la secuencia de las cosas, ¿qué estaba haciendo? Ahhh sí la leche, abrí la puerta de refrigerador y saqué la leche, me dio un ataque de risa, cuando me di cuenta que no sabía que hacer primero, ¿el agua?, ¿las tazas? Me dirigí a Emilio para pedirle su ayuda, con risa histérica le dije: - ¿Qué haces ahí? Ven a ayudarme con el café.

Entre risas, tuvimos que decidir entre los dos que habríamos que hacer, uno el agua, dos el café, tres esperar, cuatro la leche, en lo que esperábamos que el agua hirviera y produjera vapor me dijo: - Deja eso y vamos a fumarnos un cigarro, apagué el proceso y salimos a fumarnos el dichoso cigarro. La noche era hermosa, hasta la fecha no había tenido un minuto para apreciar la belleza de las noches de otoño. Emilio seguía en su monologo y para ese punto ya no lo seguía, asentía con la cabeza para no hacerlo sentir mal, pero me entretenía pensando en lo enorme que era el cielo y los misterios que nos ocultaba.

En un clic, volví a la conversación cuando escuché que hablaba de cosas más personales, de lo difícil que había sido crecer en un país católico siendo homosexual, yo hacía comentarios como: - Lo bueno es que ahora las cosas han cambiado. Ya venía venir el mal viaje de Emilio, para sacarlo de ahí, dije: - Hace frío, vamos adentro por el café. Él cambio de inmediato y me dijo: - Sí el café, ya lo había olvidado.

Pusimos música y nos clavábamos en nuestras apreciaciones alteradas, oye nada más ese piano, cómo alguien puede imaginar algo tan hermoso, cómo es que alguien logra concretar la belleza y reproducirla, porque la música existe antes que nosotros mismos, lo que hacen los músicos es explorar en sus adentros y encontrar estas joyas que ya están allí esperando ser expresadas, estábamos tumbados en el piso.

¡El café! me levanté decidida a terminarlo – Piche café de dos horas, - ¡Tía concéntrate!, ooohhh no la risa otra vez, nos doblábamos de las carcajadas al ver la cafetera apagada, la prendí de nuevo, esperando que esta vez si terminar el café.

Ya era medio tarde, no quise decir nada de la película por que la música estaba muy rica, la cafetera por fin empezó a producir el vapor, me temblaba la mano, en mi lucha de sostener el tarro con la leche bajo el chorro de vapor, no sé como lo logré. Pero tenía en mi mano dos capuchinos. Volví con las tazas al piso donde Emilio seguía extasiado con la música.

Se sentó y con las dos manos sostenía su taza. - ¿quieres otro jaloncito? – Va. Total era sábado y sentía que me lo merecía después de la chinga que me había pegado. La bachita nos esperaba en el cenicero, él tenía el encendedor en el bolsillo del pantalón, extendió una de sus piernas para alcanzarlo y por el movimiento pude notar todo lo que le había dado Dios a mi amigo. Eso era lo único malo que la pinche mota me ponía cachonda, y de repente mi amigo se veía atractivo.

No sé como explicarlo, pero juraría que él notó mi asombro y medio me sonrió en una de estas experiencias telepáticas. Encendió de nuevo, jalón y me lo pasó, jalón otro jalón, aahhh el café.

Él tenía espuma en su labio superior, en un movimiento involuntario con mi pulgar retiré la espuma de su boca, el contacto había sido atrevido, pero bien recibido. Terminó su café y el reloj ya marcaba pasada la media noche, el último autobús pasaría a la una, - Ya me voy niña, - Ok, yo pensaba en llenar la tina y darme un baño en cuanto se fuera. Tomó su abrigo sus guantes y gorro, Abrimos la puerta y el frío nos pego en la cara. - ¡Maldito frío!, - Fumémonos un cigarro antes de que me vaya, prendimos el cigarro ahí en el frío, a decir verdad no me molestaba, me parecía hermosa la noche clara y fría, salía vaporcito de nuestras bocas. Emilio con todas las capas de ropa que tenía encima parecía mucho más grande de lo que era, me abrazaba para cobijarse.

Caminábamos hacia la parada del camión cuando oímos que el camión venía, imposible alcanzarlo estábamos muy lejos, por más que corrimos, con frustración lo vimos alejarse. Él parecía, al menos parecía enojado, maldecía este país y su sistema de transporte. – No te apures te quedas en casa y mañana te vas, le dije.

Fumamos un poco más y nos terminamos al gordito, entre mi confusión buscaba cobijas y sábanas para hacerle una cama a mi invitado, pero me di cuenta que el piso iba a estar helado para dormir, solo tenía una cama, no sabía como resolver el problema, y le dije: - Te vas a congelar en el piso, sino te importa puedes dormir conmigo en la cama. Fingiendo calma me dijo: - Sino te importa a ti, ¿por qué me habría de importar a mí?

Le presté un par de pantalones deportivos y una sudadera como pijama, yo me fui al baño para cambiarme y lavarme los dientes, tenía un cepillo de dientes nuevo y se lo dí, nos fuimos a dormir. Apagué la luz. En cuanto estuvo oscuro Emilio comenzó a hablar de cuánto extrañaba a su mamá. Yo pensaba en mi cachondez, y no tenía tiempo ni espacio para aliviarla.

Cerré los ojos y respiré profundo, todo daba vueltas, me sentía ligera…-Luci, -¿Si?, -¿No sé como pedirte algo?, -aja, ¿No sé? Olvídalo, -Dilo nada más, - No, no puedo, -¿qué es? Y me empezó a echar el rollo que como homosexual, sólo unas cuantas veces había visto senos de cerca y que tenía mucha curiosidad, pero que temía que yo me fuera a enojar y dejáramos de ser amigos.

Entre mi pacheca no sabía como reaccionar, ciertamente lo había pedido de una forma respetuosa, casi infantil, hasta ternura me dio, - ¿me quieres ver los senos?, - Sí. Lo dijo con pena. Yo ya no dije nada, pero él sintió como me desabotonaba la pijama, él despacio se acercó para verlos con el reflejo de la luna que entraba por la ventana, yo contenía mi respiración para no hacer evidente mi excitación. El estaba tumbado en su estómago esperando con ansiedad a que la pijama estuviera completamente abierta.

Mis senos estaban expuestos, podía ver con la poca luz los ojos de Emilio totalmente abiertos, respiraba muy cerca de mi cuerpo, cuando decidí que la misión ya estaba cumplida traté de cerrar la pijama, de inmediato el dijo: - Noooo, por favor un poco más. Seguía conteniendo mi respiración.

¿Los puedo tocar?. Ahí moriría, dije que sí con la cabeza. Levantó su mano despacio al contacto no pude más y solté un gemido, el sonrió, me exploraba como experimento de biología, sentía la textura de mis senos, los pesaba con sus manos, - Son suaves, - Sí. Pasaba sus dedos jugando con mi endurecido pezón, haciéndome gemir más y más fuerte, - ¿Te gusta? , -uhhuuummm. Ya lo tenía encima, me besaba despacio sin dejar de acariciar mi pecho. No sabía cuanto podría aguantar, lo necesitaba. Me acerqué para susurrarle al oído, - Házme el amor, esta vez él gimió.

Alcancé un condón de la mesita de noche, él en un segundo se lo puso, mis pantalones ya estaban en mis tobillos y no tenía ropa interior, me abracé fuerte a él para sentirlo entero. Tuve la sensación de esfumarme, me vaporizaba entre respiros, me condensaba sólo para volver a evaporarme. Entraba en un un túnel para caer al vacío, la gravedad la sentía en cada poro. Desaparecí.

Abrí los ojos, Emilio me abrazaba desnudo, amanecía.

Que día es hoy?